Sirenik


Vigías
mayo 9, 2010, 8:22 pm
Filed under: Colectivos

El actual estado de cosas nos pide algo aparentemente sencillo. Nos pide el esfuerzo infinito para ser alguien. “Llegar  a ser alguien”. Alguien distinto a los demás.

Esfuerzo infinito porque él mismo se ha encargado de eliminar el contenido, los atributos, la esencia, el ser de la existencia. En el ámbito económico el trabajo se ha vuelto, desde la revolución industrial, trabajo en general: obreros capaces de modificar su puesto de trabajo en función de las variables condiciones del mercado. Si bien entonces se materializaba al desposeerlos de los medios de producción y quedando abandonados en el mercado laboral unicamente con su fuerza de trabajo (de trabajo en general), en la actualidad esto se re-produce a través de un mecanismo más sutil llamado: flexibilidad laboral y  formación continua.

En lo político la democracia universal (es decir, proclamada en todo el globo a excepción de cuatro Estados) se ha encargado de hacer lo propio. Si los trabajadores habían perdido aquello que les diferenciaba de los demás, las determinaciones de su trabajo, su cualidad, y así este se había vuelto contabilizable en términos de dinero por unidad de  tiempo, los ciudadanos han visto abstraídas todas sus diferencias políticas en la matemática del voto. Toda diferencia (la clase, el estamento, la formación, pero también las razones para votar, los argumentos políticos, etc.) se ha visto anulada al ser llevada al espacio público de la elección. Allí las diferencias se matematizan mediante en la mesa electoral, y todo el contenido político del ciudadano es su voto, que además es secreto – sin contenido explícito.

Además, en nombre del laicismo, toda práctica no política ni económica – la religión, la familia, la sexualidad… – ha sido desterrada al interior de la conciencia, o, en su defecto, al interior del hogar. Junto a esto, la sociedad de la (des)información y la velocidad contemporánea han logrado hacer de la reflexión, de la digestión de la información un proceso imposible por exceso de flujo.

La violencia que esto supone se duplica al considerar el gesto que se nos impone para llegar a ser alguien. Subirnos al carro de la historia. Progresar. Investigación y desarrollo. Se nos ha vaciado el contenido, se nos ha borrado todo lo que podíamos ser, y se nos violenta a ser alguien, se hace de la in-diferencia un pecado. Se nos insta a ser diferentes a la vez que se nos prohíbe/impide acudir a aquello que alguna vez nos hizo diferentes.

“Todo ello converge en una conminación social cada vez más desorbitada a “ser uno mismo”, es decir, mediante estrictas asignaciones a residir en cada una de las identidades reconocidas por la Publicidad autónoma. Paralelamente, los procesos de subjetivación y de des-subjetivación se vuelven cada vez más violentos, ye l control que ejercen, cada vez más milimétrico. Y como ese control no puede funcionar sino en una estricta economía del tiempo, en una sincronía, el Bloom se ve de ahora en adelante regularmente exhortado a sentirse “orgulloso” de esto o de aquello, orgullosos de ser gay o tecno, moro, negro o chusma. Sea lo que fuere, es preciso que el Bloom sea algo, cualquier cosa antes que nada”

Es intolerable una existencia vacía. Pero no es aceptable una con contenido. Para uno sólo es aceptable el simulacro.  Pero toda pretensión de volver al contenido se ha vuelto simulacro.  Las condiciones para eso ya han sido establecidas. Sólo hay lugar para la lucha silenciosa. Para no decir nada. Para renunciar a ser alguien. A ser individuos, trabajadores, o ciudadanos. Habitar colectivos en los que sí ocurra algo. Dónde algo comience a acontecer.

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Florecer.
mayo 5, 2010, 9:14 pm
Filed under: Rebelión

El régimen  de poder en el que vivimos  no se parece en nada al que tal vez haya tenido vigencia en las monarquías administrativas, y cuyo caduco concepto ha sido hasta épocas recientes, es decir, en el seno mismo de las democracias biopolíticas, el único enemigo reconocido por los movimientos revolucionarios, a saber el de un mecanismo  de obstaculización y de coerción puramente represivo.

La forma contemporánea de la dominación es, por el contrario, esencialmente productiva.
Por una parte, rige todas las manifestaciones de nuestra existencia (el Espectáculo); por otra administras las condiciones de ésta (el Biopoder).

El Espectáculo es el poder que quiere que habléis, que quiere que seáis alguien. El Biopoder […] es el poder que quiere la salvación de sus súbditos, el poder que quiere que viváis.

Teoría del Bloom, Tiqqun

Vamos a apropiarnos de otro concepto más: Uno. El estado actual de cosas – “Aquí no pasa nada” – no deja de despertar una extraña sensación. Nos sabemos impuros. El tedio. El estado actual de cosas ejerce sobre nosotros una violencia sutil, nos anula y a la vez nos pide que seamos alguien.

Los revolucionarios quieren darle nombre, ponerle cabeza, porque entonces solo hay que re-volver el orden. Cortarle la cabeza. Enemigo reconocido. Concepto caduco. Y sin embargo nos sabemos también formando parte de ese estado actual de cosas. Distanciamiento de la estructura y a la vez pertenencia a la estructura.  “Nadie es él mismo en la cotidianidad. Lo que allí es y cómo es alguien, presenta la faz del nadie: nadie y, sin embargo todos juntamente”

Uno quisiera olvidar aquello de lo que Uno es políticamente contemporáneo.” Uno es  el se y es el yo, y lo es a la vez. Es la cabeza que no se puede cortar. Uno es el problema.  Uno es a la vez el Espectáculo y el Biopoder. Uno es la estructura. Y Uno se extrae del Espectáculo y el Biopoder.

Un enemigo invisible. Inconfesable: todos, ellos, yo y nadie a la vez. Uno ha creado un espacio político: el espacio público, la democracia.  Ese es el único espacio político. Ante el cual solo queda una forma de insurrección, de rebelión: el silencio, el no ser alguien, el  ser completamente otro (l’autre). Intrapolíticas. Colectivos.



Revolución
mayo 4, 2010, 4:17 pm
Filed under: Rebelión

La revolución consiste en revolver el orden. Agitar el baúl hasta que aquello que estamos buscando se haga visible. Repito: la revolución es darle la vuelta al orden, poner arriba lo que estaba abajo, hacer temblar la estructura, los elementos que la componen, redistribuirlos. Revolución es reordenar. Es también la vuelta completa de móvil en torno a un eje: volver al principio, re-volver.

Revolución es agitar, revolver, cambiar la posición. El lamento del revolucionario es profundo: lamenta el orden actual, la injusticia, que sufran los inocentes a causa de tal orden. Pero hay un llanto más profundo, más visceral. El llanto de los que saben que cualquier orden es injusto. La injusticia más radical no consiste en el reparto de lotes injustos, sino en la mera existencia de lotes a repartir. Toda estructura – el Estado, la Historia, la Sociedad – es una maquina de reparto.

La estructura en la que habitamos es injusta en ambos sentidos. Cualquier estructura alternativa será injusta, al menos, en este último sentido. Queda anulada cualquier pretensión revolucionaria, cualquier violencia para re-estructurar, re-organizar la maquina. No somos revolucionarios.

Por otro lado la Revolución es imposible. El proceso revolucionario previo, el democrático, el más perfecto jamás llevado a cabo, y el que de la mano del capitalismo y la técnica – y de ese modo ignorando su propia y hermosa constitución interna: libertad, igualdad, fraternidad – ha logrado eliminar ciertos elementos – pero desde luego no la posición de tales elementos, es decir, su función e influencia – de la estructura, marxismo re-absorbido mediante. Es decir: la estructura actual en la que las clases, los Estados, y los ostentadores del poder se disuelven, impide por esta falta de puntos la revolución.

Revolución sin enemigos. Esa es la crisis de todo proyecto político del último siglo y, demasiado probablemente, de este también. No hay Luis XIV que guillotinar. No hay burgueses, ni propietarios – sociedades anónimas y extensión de la clase media – a los que enfrentarse. No hay fuerzas estatales hostiles. Y la propaganda política frente a Estados Unidos, no es otra cosa que el deseo de encontrarla.

Pero la estructura permanece. No diremos que no hay orden, no diremos que no hay leyes en esta estructura. No diremos que es justa – en ningún sentido. Y sin embargo no podemos revertir las posiciones, alterar los puntos. La re-estructuración es imposible: no hay nada que colocar en esos puntos vacios. Parece una abstracción. Hemos eliminado al rey y a la aristocracia, y a los burgueses, y ahora solo hay una masa relativamente uniforme. Y sin embargo no dejamos de notar que algo falla, que se necesita un cambio. Aquí y allí. Que la maquinaria occidental-capitalista sigue funcionando, y no podemos enfrentarnos a ella porque no tiene cabeza.

¿Qué hacer cuando el cambio la acción se sabe urgente? ¿Qué hacer si los modelos anteriores no son viables? ¿Si la revolución es imposible? ¿Contra qué? ¿Quién es nuestro enemigo?



Sirenik
mayo 2, 2010, 4:46 pm
Filed under: Presentación

En el año 1997 fallecía Valentina Wye.  Algunos años antes, en 1648, en el mismo lugar una expedición de noventa hombres descubría que Asía y Alaska no estaban unidas. En la península de Chukchi, algunos de los pueblos que entonces la habitaban, mientras la expedición rusa de Dezhniov viajaba a lo largo de esa línea que vuelve plano el globo y que dice qué es Oriente y qué Occidente, hablaban el Sirenik.

Cuando en enero de aquel año Valentina dejaba de respirar, con ella desaparecía su lengua para siempre. Ella era la última hablante nativa del Sirenik. No hay textos escritos en Sirenik, solo reconstrucciones de un lenguaje oral que desde entonces ha quedado en silencio.

Aquella comunidad a la que Valentina Wye pertenece  – en presente – es nuestro modelo: un grito silencioso frente al hielo inerte.  Por ella y otros tantos sabemos del completo silencio, no del uno, sino del colectivo, sabemos cómo desaparecen sin remedio y sin hacer ruido pueblos y lenguas enteras. Sirenik quiere ser voz anónima y violencia incómoda en un mundo donde la muerte más allá de la muerte, este silencio nuclear del que os hablamos, está obligado a pasar desapercibido.

Sirenik nace como asociación anónima  de estudiantes de Filosofía, Filología, Sociología y Ciencias Políticas durante el año 2010 en la Universidad Complutense de Madrid.  Somos una comunidad de desconocidos, publicamos en conjunto y sin firmar.  Hablamos sin nombre pero lo hacemos como colectivo. No estamos abiertos a la pluralidad abstracta.

“Pero hay otra manera: considerar un libro  como una máquina asignificante cuyo único problema es si funciona y cómo funciona, ¿cómo funciona para ti? Si no funciona, si no tiene ningún efecto, prueba a escoger otro libro. Esta otra lectura lo es en intensidad: algo pasa o no pasa. No hay nada que explicar, nada que interpretar, nada que comprender.”

Nos oponemos al Derecho y a la Democracia como instituciones. No aceptamos un Derecho cómplice del individuo autista, que prohíbe en nombre de la libertad personal cualquier tipo de asociación más allá de sus límites. Por lo mismo renegamos de una democracia violenta y plural, que solo se sostiene soportada por individuos sedentarios cegados del mundo. Pese a lo que pudiera parecer, no somos comunistas ni anarquistas. No somos revolucionarios.

Reconocemos que la lucha de los colectivos – entre los que no hay lugar para colectivos tales como “la Nación”,  “La Comuna” o “El proletariado” – que se opone por sí misma a la no-lucha del individuo diluido en la masa,  ha de tener los siguientes objetivos:

En primer lugar, denunciar los mecanismos de control de la vida determinados por estructuras sin cabeza. Nos oponemos por ello a cualquier medida  que pretenda encauzar la vida biológica y política a través de la disgregación individual o la creación artificial de comunidades, lo cual en ambos casos supone someterla a leyes ajenas a ella.

Fomentar, por otro lado, la diseminación de complejos teóricos. Esto es, desde nuestra posición teórica, denunciar el cierre sobre sí mismos de todos los sistemas contemporáneos llamados de librepensamiento. Ellos ya se han encargado de mostrar el dogmatismo de las posiciones tradicionales; nosotros intentaremos mostrar los supuestos incuestionables – es decir: violentos –  sobre los que el librepensamiento – y sus instituciones derivadas-  descansa.

Hacerse cargo de la situación comunicativo-epistemológica actual, cuyo motor principal es Internet. Y en este punto, ignorando el debate entre sectores reactivos, que ven en Internet un peligro contra el orden establecido, y los progresistas, que apoyan el desarrollo natural del medio, mostrar que los fenómenos derivados de Internet suponen un cambio tan radical que ninguno de los bandos, nosotros tampoco, puede tolerar, si fuera consciente de él, con facilidad. Es en este frente, que es en definitiva el de la globalización, el del desarrollo de la técnica, en el que se genera el ruido que impidió oír el llanto de aquel pueblo perdido de Siberia.

Por último: Publicar. Detestamos los congresos y los actos públicos. Nuestro trabajo, nuestra acción, se encuentra al nivel del desarrollo teórico y a la distribución pública del mismo. La acción de Sirenik es esta: activar la acción. Llevar los textos al mundo y dar la oportunidad de convertirlos en acción no encauzada, y por lo mismo, generalmente llamada violenta.

La asociación está abierta a la participación. En estas palabras puede entreverse  un modelo de razón y de política  que oriente la participación. La misma asociación se reserva el derecho a publicar y editar – siempre como colectivo – cualquier colaboración.

5 de Mayo de 2010

Sirenik,