Sirenik


Florecer.
mayo 5, 2010, 9:14 pm
Filed under: Rebelión

El régimen  de poder en el que vivimos  no se parece en nada al que tal vez haya tenido vigencia en las monarquías administrativas, y cuyo caduco concepto ha sido hasta épocas recientes, es decir, en el seno mismo de las democracias biopolíticas, el único enemigo reconocido por los movimientos revolucionarios, a saber el de un mecanismo  de obstaculización y de coerción puramente represivo.

La forma contemporánea de la dominación es, por el contrario, esencialmente productiva.
Por una parte, rige todas las manifestaciones de nuestra existencia (el Espectáculo); por otra administras las condiciones de ésta (el Biopoder).

El Espectáculo es el poder que quiere que habléis, que quiere que seáis alguien. El Biopoder […] es el poder que quiere la salvación de sus súbditos, el poder que quiere que viváis.

Teoría del Bloom, Tiqqun

Vamos a apropiarnos de otro concepto más: Uno. El estado actual de cosas – “Aquí no pasa nada” – no deja de despertar una extraña sensación. Nos sabemos impuros. El tedio. El estado actual de cosas ejerce sobre nosotros una violencia sutil, nos anula y a la vez nos pide que seamos alguien.

Los revolucionarios quieren darle nombre, ponerle cabeza, porque entonces solo hay que re-volver el orden. Cortarle la cabeza. Enemigo reconocido. Concepto caduco. Y sin embargo nos sabemos también formando parte de ese estado actual de cosas. Distanciamiento de la estructura y a la vez pertenencia a la estructura.  “Nadie es él mismo en la cotidianidad. Lo que allí es y cómo es alguien, presenta la faz del nadie: nadie y, sin embargo todos juntamente”

Uno quisiera olvidar aquello de lo que Uno es políticamente contemporáneo.” Uno es  el se y es el yo, y lo es a la vez. Es la cabeza que no se puede cortar. Uno es el problema.  Uno es a la vez el Espectáculo y el Biopoder. Uno es la estructura. Y Uno se extrae del Espectáculo y el Biopoder.

Un enemigo invisible. Inconfesable: todos, ellos, yo y nadie a la vez. Uno ha creado un espacio político: el espacio público, la democracia.  Ese es el único espacio político. Ante el cual solo queda una forma de insurrección, de rebelión: el silencio, el no ser alguien, el  ser completamente otro (l’autre). Intrapolíticas. Colectivos.



Revolución
mayo 4, 2010, 4:17 pm
Filed under: Rebelión

La revolución consiste en revolver el orden. Agitar el baúl hasta que aquello que estamos buscando se haga visible. Repito: la revolución es darle la vuelta al orden, poner arriba lo que estaba abajo, hacer temblar la estructura, los elementos que la componen, redistribuirlos. Revolución es reordenar. Es también la vuelta completa de móvil en torno a un eje: volver al principio, re-volver.

Revolución es agitar, revolver, cambiar la posición. El lamento del revolucionario es profundo: lamenta el orden actual, la injusticia, que sufran los inocentes a causa de tal orden. Pero hay un llanto más profundo, más visceral. El llanto de los que saben que cualquier orden es injusto. La injusticia más radical no consiste en el reparto de lotes injustos, sino en la mera existencia de lotes a repartir. Toda estructura – el Estado, la Historia, la Sociedad – es una maquina de reparto.

La estructura en la que habitamos es injusta en ambos sentidos. Cualquier estructura alternativa será injusta, al menos, en este último sentido. Queda anulada cualquier pretensión revolucionaria, cualquier violencia para re-estructurar, re-organizar la maquina. No somos revolucionarios.

Por otro lado la Revolución es imposible. El proceso revolucionario previo, el democrático, el más perfecto jamás llevado a cabo, y el que de la mano del capitalismo y la técnica – y de ese modo ignorando su propia y hermosa constitución interna: libertad, igualdad, fraternidad – ha logrado eliminar ciertos elementos – pero desde luego no la posición de tales elementos, es decir, su función e influencia – de la estructura, marxismo re-absorbido mediante. Es decir: la estructura actual en la que las clases, los Estados, y los ostentadores del poder se disuelven, impide por esta falta de puntos la revolución.

Revolución sin enemigos. Esa es la crisis de todo proyecto político del último siglo y, demasiado probablemente, de este también. No hay Luis XIV que guillotinar. No hay burgueses, ni propietarios – sociedades anónimas y extensión de la clase media – a los que enfrentarse. No hay fuerzas estatales hostiles. Y la propaganda política frente a Estados Unidos, no es otra cosa que el deseo de encontrarla.

Pero la estructura permanece. No diremos que no hay orden, no diremos que no hay leyes en esta estructura. No diremos que es justa – en ningún sentido. Y sin embargo no podemos revertir las posiciones, alterar los puntos. La re-estructuración es imposible: no hay nada que colocar en esos puntos vacios. Parece una abstracción. Hemos eliminado al rey y a la aristocracia, y a los burgueses, y ahora solo hay una masa relativamente uniforme. Y sin embargo no dejamos de notar que algo falla, que se necesita un cambio. Aquí y allí. Que la maquinaria occidental-capitalista sigue funcionando, y no podemos enfrentarnos a ella porque no tiene cabeza.

¿Qué hacer cuando el cambio la acción se sabe urgente? ¿Qué hacer si los modelos anteriores no son viables? ¿Si la revolución es imposible? ¿Contra qué? ¿Quién es nuestro enemigo?